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A Trump le dijeron que no

A través de sus cancillerías, las principales potencias de América Latina rechazaron una intervención militar en Venezuela luego de las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien no descartó llegar a ejecutar tal posibilidad al referirse a la crisis que se vive en el país sudamericano.

Las cancillerías de los principales países han trasladado un mensaje de repudio a cualquier participación extranjera en el país caribeño. El primer gobierno en salir al paso ha sido el colombiano de Juan Manuel Santos, que emitió un comunicado en el que “rechaza medidas militares y el uso de la fuerza del sistema internacional” en la nación conducida por Nicolás Maduro. “Todas las medidas deben darse sobre el respeto de la soberanía de Venezuela a través de soluciones pacíficas”, agrega el comunicado.

En el mismo tono que Colombia se pronunció poco después la cancillería de México, cuyo responsable, Luis Videgaray, rechaza «el uso o la amenaza de uso de las fuerzas en las relaciones internacionales». «La crisis en Venezuela no puede resolverse mediante acciones militares, internas o externas», sentenció el responsable de las relaciones exteriores mexicanas.

Los países del Mercosur también han dejado claro que rechazan con la misma contundencia la hipótesis de una intervención militar exterior. Las palabras de Trump tuvieron como respuesta un comunicado del bloque comercial, ahora mismo bajo presidencia brasileña, en el que, sin citar de forma expresa al presidente de Estados Unidos, los gobiernos de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay manifiestan de forma conjunta su censura a las amenazas veladas de Washington.

“Los únicos instrumentos aceptables para la promoción de la democracia son el diálogo y la diplomacia”, señala la nota del Mercosur. Los cuatro países del gran bloque comercial de Sudamérica incluso equiparan una eventual acción militar con el uso de la violencia por la que es acusado el gobierno de Maduro contra sus opositores: “El repudio a la violencia y a cualquier opción que implique el uso de la fuerza es irrenunciable y constituye base fundamental de la convivencia democrática, tanto en el plano interno como en el de las relaciones internacionales”.

 

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