Así ayudan las ciencias nucleares a proteger el océano y las zonas costeras
El océano sustenta la vida en el planeta Tierra: es la base de la seguridad alimentaria y la inocuidad de los alimentos, la economía, la biodiversidad y el bienestar de miles de millones de personas y las ciencias nucleares ayudan mucho en su protección ante una contaminación creciente, actividades humanas que crecen y un desarrollo insostenible que perjudica los ecosistemas marinos y costeros.
Desde la OIEA ayudan a los países a aprovechar las ciencias nucleares para conocer mejor las amenazas que enfrenta el medio marino y proteger los recursos acuáticos y analizaron las formas en que las técnicas protegen los ecosistemas marinos y las personas y las comunidades que dependen de ellos.
Haciendo frente a la contaminación marina por plásticos
La contaminación por plásticos es una de las amenazas que más constantemente se les presentan a los ecosistemas marinos. Los microplásticos —partículas de plástico diminutas— ya se encuentran en todas partes del mundo, incluso en regiones remotas como la Antártida.
Con el apoyo de la iniciativa TECnología NUclear para el Control de la Contaminación por Plásticos (NUTEC Plastics), los países están utilizando las ciencias nucleares para rastrear, entender y reducir la contaminación por plásticos.
Gracias a unos proyectos nuevos que cuentan con el apoyo del OIEA y se pusieron en marcha en 2026, hay países de América Latina que hoy pueden aplicar tecnologías nucleares para precisar cuáles son las fuentes y las vías de entrada de los microplásticos a los ecosistemas antárticos; los proyectos ayudan mediante el fortalecimiento de las capacidades regionales para la monitorización de microplásticos aplicando métodos armonizados.
Científicos del OIEA e investigadores latinoamericanos del Instituto Antártico Chileno están estudiando la contaminación en la península antártica, una región importante para la biodiversidad mundial y la reglamentación climática.
Los datos generados a través de estos proyectos aportan la demostración científica necesaria para fundamentar políticas, fortalecer la gestión ambiental y proteger los ecosistemas marinos frágiles.

Un estudio reciente del OIEA reveló que es posible encontrar contaminación por plásticos incluso en el entorno virgen de la Antártida. (Fotografía: OIEA)
Monitorizando la acidificación de los océanos
A medida que el océano absorbe mayores cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera, el agua de mar se vuelve más ácida. Este proceso, denominado “acidificación de los océanos”, puede afectar a los arrecifes de coral, los moluscos y los ecosistemas marinos que sustentan las pesquerías y el turismo.
Los pequeños Estados insulares en desarrollo del Caribe y el Pacífico son especialmente vulnerables a las repercusiones de la acidificación de los océanos porque muchas comunidades dependen de los ecosistemas costeros para alimentarse y procurarse el sustento.
El OIEA está ayudando a los países de la región a monitorizar y fortalecer la monitorización de la acidificación de los océanos por medio de cooperación científica y capacitación en el uso de técnicas nucleares e isotópicas. Los científicos pueden utilizar estas técnicas para examinar la manera en que los ecosistemas marinos responden a los cambios de la composición química del océano bajo la presión de otros factores de estrés ambiental. El OIEA también capacita a científicos que inician su trayectoria profesional para que puedan evaluar los efectos de la acidificación de los océanos y la contaminación marina, con lo que ayuda a los países a mejorar su capacidad de monitorización ambiental y de respuesta a largo plazo en relación con estas amenazas indisociables.
Con acceso a mejores datos científicos, los países pueden tomar decisiones más fundamentadas con el fin de proteger la biodiversidad marina, las pesquerías y las economías costeras.

Investigadores de OIEA en Mónaco estudian los efectos de la acidificación de los océanos y otros factores de estrés ambiental en los organismos marinos. (Fotografía D. Calma/OIEA)
Protegiendo los ecosistemas de carbono azul
El carbono azul es el carbono orgánico capturado y almacenado por el océano en ecosistemas costeros con vegetación, como los manglares, las marismas o las praderas marinas.
Para mitigar los efectos de la acidificación de los océanos es preciso entender cómo ha cambiado el medio ambiente marino con el paso del tiempo. Los científicos utilizan técnicas nucleares e isotópicas para estudiar sedimentos recogidos de ecosistemas costeros como manglares, praderas marinas y marismas. Al analizar isótopos naturales como el plomo 210 y otros radionucleidos, los investigadores pueden determinar cómo se han ido acumulando los sedimentos y el carbono orgánico durante decenios e incluso siglos.
Por ejemplo, un reciente curso de capacitación del ARCAL impartido en Panamá ayudó a científicos a utilizar técnicas nucleares para medir el carbono azul almacenado en ecosistemas costeros, proporcionando con ello datos para apoyar la acción por el clima y la conservación de zonas costeras.
A través de sus Laboratorios para el Medio Ambiente Marino y su programa de cooperación técnica, el OIEA ayuda a los países a evaluar la posibilidad de que los ecosistemas de carbono azul sirvan de solución basada en la naturaleza, generando así datos científicos para orientar la gestión sostenible de las zonas costeras, la adaptación al clima y la protección de la biodiversidad.

Recolección de testigos de material sedimentario en una pradera marina en Zanzíbar (Tanzanía) para su evaluación. (Fotografía G. Gispert/Perth, Australia)
Protegiendo la acuicultura de enfermedades
La acuicultura es una importante fuente de alimentos, ingresos y empleo en toda América Latina. Pero hay enfermedades como la necrosis pancreática infecciosa que pueden devastar las poblaciones de peces y amenazar los medios de subsistencia. Utilizando técnicas derivadas de las ciencias nucleares, los científicos pueden detectar el material genético de los virus, permitiendo así detectar infecciones incluso antes de que aparezcan los síntomas. Teniendo un diagnóstico precoz los agricultores y las autoridades pueden responder con celeridad, lo que limita los brotes y reduce las pérdidas.
La tecnología también ha ayudado a determinar marcadores genéticos vinculados a la resistencia a la necrosis pancreática infecciosa, lo que posibilita la cría de peces más resilientes. Al mismo tiempo, disponer de una mayor capacidad de laboratorio y enfoques de diagnóstico armonizados favorece la detección más temprana y la mejora del manejo de enfermedades en sistemas marinos y de agua dulce.
La necrosis pancreática infecciosa afecta la cría de trucha arcoíris, fuente importante de proteínas y actividad económica en varios países de América Latina. En colaboración con el OIEA, los países de la región están fortaleciendo su capacidad para detectar, prevenir y controlar la enfermedad.

Utilizando técnicas derivadas de las ciencias nucleares, los científicos pueden detectar el material genético de los virus.
Detectando floraciones de algas nocivas
Las floraciones de algas nocivas — proliferaciones de algas microscópicas que se multiplican excesivamente en determinadas condiciones ambientales y que a veces pueden producir toxinas nocivas — perturban las pesquerías, contaminan a peces y moluscos que se alimentan de estas microalgas que contienen toxinas y amenazan la salud pública. En aguas marinas costeras, aunque también en lagos y ríos, estas floraciones se propagan rápidamente. Su toxicidad suele ser difícil de evaluar mediante métodos convencionales.
El OIEA está capacitando a científicos para que puedan aplicar técnicas nucleares e isotópicas a fin de monitorizar con mayor precisión las toxinas que producen las floraciones de algas nocivas. Estas técnicas ayudan a los investigadores a entender cómo se desarrollan las floraciones, dónde es probable que tenga lugar su propagación y cómo se produce el desplazamiento de las toxinas por los ecosistemas acuáticos.
Científicos del OIEA han ayudado a investigadores en Cuba a encontrar biotoxinas peligrosas en microalgas marinas capaces de contaminar alimentos de origen marino y suponer una amenaza para la salud humana. La detección temprana de las floraciones tóxicas posibilita la adopción de medidas específicas por parte de las autoridades, como las destinadas a cerrar temporalmente las zonas pesqueras afectadas y restringir la venta de productos contaminados, ayudando así a proteger a los consumidores y al mismo tiempo reducir las pérdidas económicas al limitar perturbaciones más amplias y mantener la confianza en los productos de origen marino.

Muestra en los laboratorios del OIEA en Mónaco de un análisis de unión de radioligando para detectar toxinas paralizantes de mariscos. (Fotografía E. McDonald/OIEA)
Fortaleciendo la cooperación y las soluciones del ámbito regional
Las amenazas que afectan al océano no entienden de fronteras. La contaminación, las enfermedades y las presiines climáticas perjudican a regiones enteras, lo que hace esencial la cooperación.
En el marco del Acuerdo Regional de Cooperación para la Promoción de la Ciencia y la Tecnología Nucleares en América Latina (ARCAL), hay países de América Latina y el Caribe que están trabajando juntos, con el apoyo del OIEA, para intercambiar conocimientos especializados y métodos normalizados, así como para crear capacidad de laboratorio. En la actualidad, más de 20 países colaboran en materia de salud en la acuicultura, la vigilancia de la contaminación y la protección ambiental.
Por conducto de la Red de Investigación de Estresores Marinos – Costeros en Latinoamérica y el Caribe (REMARCO), establecida en 2018 con el apoyo del OIEA, los países trabajan juntos para intercambiar conocimientos especializados, armonizar metodologías y fortalecer las capacidades científicas.
La red conecta instituciones de 18 países para generar datos científicos sobre estresores marinos clave —entre otros, la contaminación, la acidificación de los océanos y las floraciones de algas nocivas— que sirven de base para la toma de decisiones fundamentadas y la protección ambiental.
Este enfoque coordinado ayuda a garantizar la puesta en común del conocimiento científico más allá de las fronteras y la adaptación de las soluciones a las necesidades regionales.
Por medio de su programa de cooperación técnica, el OIEA está ayudando a los países a crear las capacidades necesarias para comprender y monitorizar el medio ambiente marino, proteger los recursos acuáticos y responder a los factores que amenazan al medio ambiente en el plano mundial.

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