Clima, territorios e incertidumbre: claves para entender el fenómeno de ‘El Niño’

María Inés Botana y Edgardo Salaverry, integrantes del departamento de geografía del Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (UNLP–CONICET) escribieron un artículo para explicar los alcances y las claves del fenómeno de ‘El Niño’.

Como referentes de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de La Plata, ambos especialistas analizan el impacto socioambiental en el planeta Tierra.

 

 

Un latido distante que conmueve a la Tierra

La construcción social del espacio se encuentra atravesada históricamente por una percepción de una pretendida estabilidad de las condiciones ambientales. Sobre esta base, las sociedades organizan sus proyectos, actividades productivas, dinámicas económicas y modelos de infraestructuras en función de la previsibilidad de los ciclos climáticos estacionales. Esta regularidad constituye un supuesto implícito que orienta las prácticas de ocupación, apropiación y transformación del territorio, desde una planificación de los estándares sociales y económicos signados por umbrales de variabilidad regulados.

Sin embargo, la actual crisis climática desarticula toda condición de previsibilidad poniendo de manifiesto la fragilidad del equilibrio ambiental. La materialización del calentamiento global en las aguas oceánicas superficiales no solo perturba las variables atmosféricas sino impone una transformación de las condiciones ambientales sobre las cuales se han estructurado territorios, actividades productivas y formas de vida.

El incremento inusual de la temperatura de la zona central y oriental del océano Pacífico constituye una de las claves detonantes de ‘El Niño’ – Oscilación del Sur (ENOS) cuyos efectos alteran los patrones térmicos y distribución de las precipitaciones, profundizando el calentamiento del clima mundial. Esta anomalía oceánica tiene como consecuencias períodos de sequias e inundaciones que alteran la disponibilidad de agua, la degradación de los suelos, la producción agropecuaria, la seguridad alimentaria y la vulnerabilidad de la infraestructura urbana.

 

 

El estudio de ‘El Niño’ desde un enfoque interdisciplinario

El recrudecimiento de este fenómeno en un contexto de emergencia climática sitúa su avance en un punto de inflexión caracterizado por el deterioro ambiental, la incertidumbre climática y la profundización de las desigualdades territoriales. Dada la complejidad del complejo presente ambiental que nos atraviesa, el estudio de ‘El Niño’ demanda algunas claves, entre ellas un enfoque interdisciplinario asentado en un imperativo científico, ético, político y cultural.

De esta manera, el conocimiento climático adquiere una dimensión social y política, al contribuir a la identificación de vulnerabilidades, a la comprensión de las condiciones de exposición y a la construcción de estrategias orientadas a la reducción del riesgo y al fortalecimiento de territorios más resilientes.

Desde esta perspectiva se inscribe el proyecto de investigación “Conflictos ambientales en la provincia de Buenos Aires. Lineamientos desde la gestión ambiental y del riesgo (2000-2028)” donde el análisis territorial integra la dinámica climática como componente intrínseco de la configuración del espacio. Este enfoque articula la tarea académica y pedagógica desarrollada por la cátedra de climatología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, que entiende el clima como un saber territorial situado, cuya comprensión requiere atender a las interrelaciones entre las dinámicas naturales y las condiciones sociales, económicas y culturales en las que estas se inscriben.

 

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Claves del fenómeno de ‘El Niño’: de los alisios a la circulación de Walker

Las claves en la dinámica de ‘El Niño’ pueden comprenderse como un fenómeno socioambiental cuya génesis se sitúa en las interacciones entre el océano Pacífico ecuatorial y la atmósfera, constituyendo uno de los principales mecanismos de articulación del sistema climático global. En condiciones climáticas estándares, los vientos alisios empujan las aguas cálidas superficiales del océano Pacífico hacia las costas del sudeste asiático y Oceanía, dando lugar a la surgencia (upwelling) de aguas frías y ricas en nutrientes que emergen para alimentar los ecosistemas marinos más diversos del planeta en las costas de Perú y Ecuador.

Las aguas cálidas ubicadas en el Pacífico occidental incrementan la evaporación y calentamiento del aire suprayacente, el cual asciende generando abundante nubosidad y precipitaciones en esa región. Este aire, una vez que alcanza las capas altas de la Tropósfera se traslada hacia el este donde desciende frío y seco sobre las costas sudamericanas, retornando por la superficie hacia el oeste impulsado por los alisios. Este circuito continuo de escala ecuatorial constituye la llamada circulación de Walker, responsable de mantener el equilibrio térmico y pluviométrico habitual.

Cuando la dinámica se quiebra

A intervalos irregulares que oscilan entre los dos y los siete años, esta dinámica se quiebra. Por razones que involucran complejas interacciones entre la atmósfera y el mar, los vientos alisios se debilitan significativamente o, en ocasiones extremas, invierten su sentido. Al perderse la fuerza motriz que empujaba las masas de agua cálida hacia el oeste, estas regresan de forma paulatina hacia las costas sudamericanas provocando el calentamiento anómalo de la capa superficial marina (entre 1° y 2 °C por encima del promedio) modificando la convección atmosférica y el afloramiento de las aguas frías.

La extensa columna de humedad y aire caliente se desplaza hacia las costas de América del Sur alterando la circulación del aire, los patrones de presión atmosférica y la distribución de las precipitaciones a escala planetaria. Es pertinente destacar que ‘El Niño’ no representa un hecho aislado o una “anomalía fortuita”, sino una de las fases del ciclo ENOS. Su contraparte fría, ‘La Niña’, presenta la dinámica opuesta (un enfriamiento extraordinario de esas mismas aguas por vientos alisios más intensos). No obstante, es la fase cálida de ‘El Niño’ la que suele registrar los picos más drásticos en las temperaturas medias globales y las alteraciones ambientales más violentas

 

 

Los efectos de ‘El Niño’: geografías de la escasez y la abundancia

La materialización territorial de ‘El Niño’ se caracteriza por una marcada asimetría redistribuyendo la humedad de forma drástica, creando marcadas geometrías de exceso y escasez a lo largo y ancho de los continentes.

Desde el impacto en América Latina y la cuenca del Pacífico sur, a la Amazonía, el sudeste asiático y la interacción con el océano Índico.

 

 

América Latina y la cuenca del Pacífico sur

En las costas de Perú, Ecuador y el norte de Chile, el impacto inicial es tanto ecológico como atmosférico. El debilitamiento del afloramiento de agua fría irrumpe bruscamente en la cadena trófica marina, provocando el alejamiento o la mortandad masiva de especies pesqueras clave como la anchoveta, pilar de las economías locales. En simultáneo, las elevadas temperaturas oceánicas sobrecargan el aire de humedad, desencadenando lluvias torrenciales en regiones costeras predominantemente áridas, que se traducen en deslaves, riadas e inundaciones severas.

Por el contrario, a medida que descendemos hacia el cono sur, particularmente en las cuencas hidrográficas de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay, ‘El Niño’ suele asociarse con un incremento notable de las precipitaciones durante la primavera y el verano. Si bien esto beneficia en ocasiones a la producción agrícola al revertir períodos de sequía previa, también eleva el riesgo de crecidas extraordinarias en los ríos principales, inundaciones en zonas de llanura y anegamiento de áreas urbanas ribereñas.

En contraste con el panorama húmedo del sur, la región septentrional de Sudamérica (el norte de Colombia, Venezuela y sectores del Caribe) experimenta una drástica disminución de las lluvias, lo que incrementa la vulnerabilidad de sus embalses hidroeléctricos y agrava la escasez de agua potable.

La Amazonía, el sudeste asiático y la interacción con el océano Índico

La cuenca amazónica, el pulmón térmico e hídrico del continente, padece severos episodios de sequía durante las fases más intensas y claves de ‘El Niño’. La reducción de la humedad ambiental y la falta de precipitaciones transforman zonas de selva densa en escenarios altamente propensos a incendios forestales de gran escala, liberando a la atmósfera toneladas de carbono almacenado y acelerando la degradación del bioma.

Al otro lado del océano, en Australia, Indonesia y Oceanía, el debilitamiento de la humedad convectiva se traduce en sequías prolongadas, fallos sistémicos en las cosechas y olas de calor extremas que catalizan incendios forestales incontrolables.

Asimismo, ‘El Niño’ suele debilitar el Monzón Indio del cual depende el suministro hídrico de más de 1.400 millones de personas. Sin embargo, el clima global cuenta con acoplamientos regionales como el Dipolo del Océano Índico (IOD) con el aporte de aguas cálidas en el Índico occidental que aporta precipitaciones al subcontinente indio. Esta simultaneidad de sequías e inundaciones en extremos opuestos del globo constituye la prueba material de los alcances de este fenómeno a escala planetaria.




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