Qué está pasando en las playas de Villa Gesell, Mar Chiquita, Pinamar y La Costa
La erosión de las playas, la degradación de los médanos, la urbanización sobre el frente costero y la presión de las actividades turísticas conforman algunos de los principales problemas ambientales que atraviesa la costa atlántica bonaerense: un informe elaborado por el Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires identificó un escenario de elevada presión humana sobre los ecosistemas litorales y ubicó a los partidos de La Costa, Pinamar, Villa Gesell y Mar Chiquita entre los municipios con niveles muy altos de intervención sobre sus ambientes costeros.
El diagnóstico forma parte del informe del estado de los ambientes costeros de la provincia de Buenos Aires, una publicación que reúne relevamientos territoriales, indicadores geomorfológicos y evaluaciones de las presiones antrópicas sobre el litoral. El trabajo se desarrolló durante 2024, con la participación de equipos técnicos, científicos y gobiernos municipales, y contempló 104 puntos estratégicos distribuidos a lo largo de la costa provincial.
Uno de los datos más significativos del estudio es que apenas el 14% de los puntos de muestreo presenta bajo impacto y un buen estado de conservación. En contrapartida, los sectores con mayores niveles de intervención humana y urbanización muestran procesos de degradación más avanzados, particularmente en aquellos municipios donde el turismo constituye una de las principales actividades económicas.
La investigación identifica tres grandes grupos según el nivel de presión antrópica. La Costa, Pinamar, Villa Gesell y Mar Chiquita integran las playas bajo una muy alta presión, junto con otros distritos del litoral bonaerense. En estos territorios, la urbanización de alta densidad, la presión inmobiliaria, la infraestructura recreativa sobre las playas y las obras de defensa costera alteran la dinámica natural de los sedimentos, aceleran los procesos erosivos y reducen la capacidad de recuperación de los ecosistemas.
La Costa: retrocesos de hasta 80 metros y riesgo para el agua dulce
En el partido de La Costa el estudio analizó 19 puntos distribuidos entre Punta Rasa, San Clemente del Tuyú, Las Toninas, Santa Teresita, Mar del Tuyú, Costa del Este, Mar de Ajó, Nueva Atlantis, Punta Médanos y Costa Esmeralda.
Uno de los registros más relevantes corresponde al sector sur de San Clemente del Tuyú. A partir de la comparación de imágenes satelitales de 2005 y 2024, los investigadores identificaron un retroceso de la línea de costa de hasta 80 metros en un período de 19 años, con destrucción de construcciones como consecuencia de ese proceso.
También se observaron diferencias importantes en el ancho de las playas. En un alto porcentaje de los puntos relevados, la extensión es inferior a los 50 metros. Las excepciones aparecen en Punta Rasa, Las Toninas y sectores de Punta Médanos y Costa Esmeralda, donde se registraron playas de más de 120 metros y acumulación de arena.
Otro aspecto señalado por el informe es el de desagües pluviales que descargan directamente sobre las playas y generan cárcavas por la concentración de los excedentes hídricos.
Asimismo, analiza el comportamiento de los muelles de Mar del Tuyú, Santa Teresita y Mar de Ajó, cuyas estructuras producen alteraciones en la distribución de arena: favorecen su acumulación hacia el sur y generan déficit sedimentario y erosión hacia el norte.
El deterioro del frente costero también se vincula con la vulnerabilidad de los acuíferos. El documento advierte que el aumento del nivel del mar y el mayor consumo de agua potable durante la temporada turística pueden favorecer la intrusión de agua salobre y comprometer la calidad del recurso subterráneo.

El muelle de San Clemente del Tuyú, localidad en donde se identificó un retroceso de la línea de costa de hasta 80 metros.
Pinamar: degradación de médanos y presión del turismo
El diagnóstico sobre Pinamar describe un estado avanzado de degradación morfodinámica y ambiental en buena parte de los sectores evaluados.
Los ocho puntos relevados muestran una intensa intervención humana sobre el litoral. Entre los principales factores identificados aparecen la fijación de las dunas interiores, la fragmentación de las dunas frontales por las bajadas a la playa y la infraestructura asociada al turismo de sol y playa.
El informe advierte que la apertura de calles y accesos transversales interrumpe la continuidad de los cordones dunares, que cumplen una función natural de amortiguación frente a la acción del mar y el viento.
Sin embargo, las condiciones no son uniformes. En los sectores del barrio privado Dunas, los investigadores registraron playas de entre 100 y más de 200 metros de ancho. Por el contrario, los sectores urbanos centrales presentan una marcada reducción de la superficie de playa y alteraciones en la dinámica de los sedimentos, asociadas a la elevada densidad de balnearios y paseos costeros.
En Valeria del Mar, Ostende y Cariló, el estudio identifica otro problema: la sobreforestación con especies exóticas, principalmente pinos y acacias, junto con la expansión urbana sobre los cordones dunares interiores. Estas intervenciones reducen la movilidad natural de la arena y el intercambio de sedimentos entre las playas y los médanos.
El tránsito de vehículos todo terreno también aparece como un factor de deterioro. Los investigadores observaron impactos en el norte del partido, en la zona del muelle y en las playas entre Valeria del Mar y Cariló. La circulación provoca destrucción de vegetación, compactación del suelo arenoso y pérdida de sedimentos.

Las playas de Ostende, donde se identificó el problema de la expansión urbana sobre los cordones dunares interiores.
Villa Gesell: diferencias entre el norte y el sur del partido
En Villa Gesell, el relevamiento comprendió diez puntos y detectó valores elevados de deterioro, especialmente en los sectores urbanos donde confluyen infraestructura de playa, desagües pluviales, viviendas próximas a la línea de costa y degradación de las dunas primarias.
Los puntos ubicados entre el Camping El Pucará y Las Gaviotas muestran algunas de las situaciones más comprometidas. En contraposición, los sectores de Médanos Norte y El Salvaje presentan mejores condiciones de conservación, vinculadas a la permanencia de dunas frontales y al intercambio activo de sedimentos entre la playa y el sistema dunar.
Uno de los problemas identificados es la interrupción de las crestas de las dunas por accesos transversales y bajadas a la playa. A esto se suman los desagües pluviales que descargan directamente sobre el frente costero y concentran escorrentías provenientes de las áreas urbanizadas.
El informe también recupera antecedentes sobre la evolución de la línea de costa. En el norte del partido se registraron tasas de erosión de hasta dos metros por año durante el período 1957-2009. Por otro lado, las playas del sur, donde existen menores desequilibrios sedimentarios, presentaron retrocesos inferiores a medio metro anual.
En el centro de Villa Gesell, el punto correspondiente al Paseo 104 presentó un escenario particularmente desfavorable: la totalidad de los indicadores cuantitativos evaluados reflejó un nivel muy alto de degradación.
También se identificaron impactos por la circulación de vehículos todo terreno en el sector sur, particularmente sobre las dunas activas.
Para contrarrestar estos procesos, el municipio implementó estrategias blandas de manejo de arena. Durante los relevamientos se observaron enquinchados en distintos puntos, destinados a retener sedimentos y contribuir a la restauración del frente costero.

En algunas zonas de Villa Gesell hay tasas de erosión de las playas de hasta dos metros por año.
Mar Chiquita: playas estrechas y retroceso de la línea de costa
El partido de Mar Chiquita presenta características particulares porque combina dos configuraciones geomorfológicas: sectores de barrera medanosa oriental y otros de costa acantilada.
El relevamiento comprendió 14 puntos, desde el entorno de la laguna de Mar Chiquita y el balneario parque hasta Mar de Cobo, La Caleta, Camet Norte, Santa Clara del Mar, Santa Elena y Playa Dorada.
Los resultados muestran que más del 60% de los parámetros evaluados se encuentra en una situación desfavorable. Además, todos los puntos relevados presentan playas con un ancho inferior a los 50 metros, mientras que la totalidad de los sectores correspondientes a la costa acantilada exhibe evidencias de erosión.
El documento identifica, no obstante, algunos sectores con mejores condiciones ambientales, particularmente aquellos que no fueron urbanizados y mantienen su conexión con campos de dunas vivas. Allí, el intercambio de sedimentos entre los médanos y las playas continúa desarrollándose de manera natural.
Uno de los casos más relevantes corresponde al entorno de la reserva natural Mar Chiquita. El estudio advierte que las obras de defensa costera realizadas en el área urbana de balneario generan consecuencias sobre las playas de la reserva provincial. A partir de la comparación de imágenes correspondientes a 2003 y 2023, los investigadores identificaron un retroceso de la línea de costa de hasta 94 metros en ese sector.
También se analizaron los efectos de los espigones en Santa Clara del Mar y Camet Norte. Según el documento, estas estructuras interrumpen la dinámica sedimentaria entre las playas y las barras submareales, modifican la pendiente de la playa frontal y generan corrientes de retorno que socavan la playa sumergida.

En Mar Chiquita más del 60% de los parámetros evaluados se encuentra en una situación desfavorable.
El cambio climático y los desafíos para toda la costa bonaerense
Más allá de las particularidades registradas en las playas de La Costa, Pinamar, Villa Gesell, Mar Chiquita y el resto de cada uno de los municipios, el informe advierte que los problemas identificados se desarrollan en un escenario de creciente vulnerabilidad climática.
Entre las principales amenazas aparecen el aumento del nivel del mar, las precipitaciones torrenciales, las sudestadas, el incremento de la temperatura media y las olas de calor.
Las proyecciones incluidas en el documento estiman que el nivel medio del mar podría aumentar alrededor de 20 centímetros hacia mediados del siglo XXI, mientras que para finales de ese período el incremento podría ubicarse entre 30 centímetros y un metro.
También se advierte sobre la intensificación de los procesos erosivos y las inundaciones costeras, especialmente cuando los eventos de tormenta se producen con intervalos insuficientes para permitir la recuperación natural de las playas.
En este contexto, el estudio considera que las intervenciones humanas pueden agravar los efectos de las amenazas climáticas. La construcción sobre la primera línea de costa, la forestación de médanos con especies exóticas, la apertura de caminos que fragmentan las dunas y las defensas rígidas son algunos de los factores que reducen la capacidad natural de adaptación de estos ambientes.
Una de las conclusiones generales es que los procesos erosivos constituyen la principal amenaza para la estabilidad de los frentes urbanos y la conservación de los ecosistemas litorales. El documento también señala que las obras rígidas, como espigones, escolleras, enrocados y murallones, pueden resolver problemas localizados, pero generar desequilibrios sedimentarios en sectores vecinos.
Qué propone el informe para las playas de La Costa, Pinamar, Villa Gesell y Mar Chiquita
Frente al diagnóstico, el Ministerio de Ambiente plantea avanzar con una estrategia de manejo costero integrado, basada en la coordinación entre los gobiernos provincial y municipales, la participación de las comunidades y la incorporación de conocimientos científicos a la planificación territorial.
Para la barrera medanosa oriental, que comprende las playas del sur de La Costa, Pinamar, Villa Gesell y el norte de Mar Chiquita, las recomendaciones incluyen conservar y monitorear los campos de dunas activas, restaurar las dunas frontales mediante enquinchados y revegetación con especies nativas, y reemplazar los accesos transversales por pasarelas elevadas.
También propone regular el tránsito vehicular sobre playas y médanos, controlar las actividades turísticas que generan impactos erosivos y evaluar la capacidad de carga física de las playas para evitar la sobrecarga de determinados sectores.
En el caso de la región acantilada, donde se encuentra Mar Chiquita, se recomienda profundizar los estudios sobre los efectos del cambio climático y monitorear especialmente la laguna costera y su desembocadura. También se plantea evaluar los riesgos de derrumbe y las consecuencias de las intervenciones sobre la dinámica sedimentaria.
El documento concluye que la conservación de los ambientes naturales y la planificación del desarrollo urbano y turístico deben formar parte de una misma estrategia. La recuperación de la funcionalidad de las dunas, los médanos y las playas aparece como una herramienta central para reducir la vulnerabilidad de las comunidades costeras frente a la erosión y los efectos del cambio climático.




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