Inflación rebelde: del “ancla” heterodoxa al nuevo ‘Stop & Go’ monetario

Existe una paradoja incómoda en el tablero económico actual. Mientras el equipo de Gobierno se autodefine como un grupo de “vastos conocedores” de la solución monetaria y ratifica el fin del problema de la inflación, los datos duros ofrecen una resistencia obstinada: llevamos ocho meses consecutivos de aceleración en el índice de precios.

Los números no dejan margen a la interpretación. Tras tocar un piso de 1,5% en mayo de 2024, la inflación mensual emprendió un camino ascendente hasta cerrar diciembre en un 2,8%. En menos de un año, la velocidad de los precios casi se duplicó, desafiando el diagnóstico oficial.

A este escenario se suma un sinceramiento estadístico: los cambios en la metodología del INDEC, que ahora pondera servicios y consumos modernos antes ignorados, revelan que, bajo esta nueva vara, la inflación acumulada durante la gestión actual habría sido al menos un 10% superior. Para evitar que el índice se dispare aún más, la estrategia oficial ha sido postergar la quita final de subsidios a los servicios (prometida para este 2026) y mantener pisados los impuestos a los combustibles.

 

 

Un híbrido ideológico: tasa ortodoxa, dólar heterodoxo

Ante el rebote inflacionario, la respuesta del Gobierno revela un pragmatismo que mezcla dos manuales económicos teóricamente opuestos.

Por un lado, aplica una receta ortodoxa clásica: tasas de interés reales positivas. El objetivo es encarecer el dinero, secar la plaza de pesos y golpear el consumo para enfriar los precios.

Pero, por otro lado, se aferra a una herramienta profundamente heterodoxa: el uso del tipo de cambio como ancla nominal. Aunque desde el discurso oficial se insista en que el dólar no determina los precios, en la práctica lo mantienen “pisado” para evitar que las expectativas se desmadren.

 

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La reinvención del “Stop & Go”

Lo más preocupante de esta dinámica es que parece haber sumergido a la Argentina en una nueva versión del “Stop & Go”, ese ciclo maldito descrito por el estructuralismo latinoamericano.

Históricamente, el “Pare y siga” en la región estaba dictado por la falta de dólares: la economía crecía, aumentaba la demanda de importaciones, faltaban divisas, se devaluaba y la actividad caía. Hoy, el Gobierno parece haber reemplazado esa restricción externa por una restricción monetaria.

El nuevo ciclo funciona así:

  1. Fase de aceleración: la inflación baja y la tasa de interés desciende levemente. El consumo recupera aire y la actividad repunta.
  2. El freno: al reactivarse el consumo, los empresarios – que vienen de meses (e incluso años) de márgenes magros – aprovechan para recomponer rentabilidad y suben los precios. La inflación rebota.
  3. El “stop”: el Gobierno reacciona subiendo la tasa de interés para volver a planchar la demanda.

Este mecanismo tiene un costo colateral peligroso que el modelo tradicional no tenía: el aumento de la morosidad. Al subir la tasa para frenar la inflación, no solo se encarece el crédito nuevo, sino que se rompe la cadena de pagos de las familias y PyMEs que ya estaban endeudadas, incrementando el costo financiero de toda la economía.

 

Baño de realidad: de la bicicleta a la calesita financiera

 

El futuro: paz cambiaria o paz de los cementerios

La promesa de una inflación del 0% choca contra una economía que sigue indexada y con una inercia difícil de romper. Es probable que en los próximos meses veamos al equipo económico mover cielo y tierra para mantener el dólar quieto y las tasas atractivas, utilizando incluso la apertura de importaciones como disciplinador de precios.

El resultado más probable es que logren volver a bajar ese 2,8% de diciembre. Pero el costo no será mágico: será a expensas de volver a mostrar números rojos en la actividad, el consumo y los salarios. La inflación bajará, pero porque la recesión inducida por la tasa de interés volverá a hacer su trabajo sucio.

 

 

Sobre Nicolás Núñez

Economista de la UBA, Nicolás Nuñez tiene una Maestría en Finanzas de la Universidad Di Tella. Es además investigador en el Centro de Investigación de Economía Nacional (CIEN). Analista macro-financiero. Director durante 2022 nombrado por ANSES en cinco de las principales empresas argentinas. Profesor de mercado de capitales en la UBA y en la Universidad de Lanús. Actualmente cursa en la Universidad de San Martín un doctorado en relaciones internacionales.




 

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