La bomba de la morosidad: cuando el manual monetario asfixia a las familias
Existe un número crítico que suele ocupar cada día más, las tapas de los diarios económicos, un número que se respira en la calle y define el pulso real de la economía: la morosidad de las familias argentinas. Mientras el debate público se centra en la macroeconomía, la cantidad de personas que ya no pueden hacer frente a sus deudas crece a un ritmo alarmante.
Hoy, la morosidad en los préstamos personales de miles de familias con las entidades bancarias ha superado la barrera del 10%. Sin embargo, el dato más crudo se encuentra en el sector fintech: en las aplicaciones y billeteras virtuales – el salvavidas de corto plazo para llegar a fin de mes –, el rojo roza un preocupante 30%. A diferencia de los bancos, estas plataformas son las que brindan prestamos de 300, 500, 800 mil pesos, en pocas palabras, una compra de supermercado; es decir, no se trata de un préstamo para cambiar el auto, ni siquiera la heladera.
Para comprender cómo llegamos a este escenario, es necesario desarmar el rompecabezas de una gestión que intenta contener un incendio inflacionario aplicando un manual teórico que, en la práctica, está asfixiando al sector privado.
La paradoja de los pesos: ¿por qué no hay plata si el BCRA acumula reservas?
Desde el plano macroeconómico, el Banco Central exhibe un logro innegable: en lo que va de estos tres meses, ha acumulado casi 5.000 millones de dólares. En una economía tradicional, esta compra de divisas implicaría una inyección de pesos en el mercado.
Sin embargo, el Gobierno mantiene una política de contracción monetaria extrema. Aproximadamente un tercio de esos dólares se los vendió al Tesoro de la Nación, y el Estado, que hoy recauda más de lo que gasta, absorbe liquidez por esa vía y a través del endeudamiento, ofreciendo tasas altas. El resultado termina siendo contradictorio, ya que mientras la inflación estaría ascendiendo al 10% en el trimestre, la cantidad de dinero en circulación se redujo un 10%.
Si el costo de vida sube, pero hay menos billetes en la calle para sostener el mismo nivel de actividad, la ecuación se resuelve de la peor manera. Las familias y las empresas se ven obligadas a reducir su consumo o a endeudarse a tasas usurarias para sobrevivir y así la morosidad no para de crecer.
El oro del BCRA: de la “rebeldía” del 2004 al salvavidas financiero del 2026
Inflación rebelde: tarifas, el INDEC y la paradoja del asado
El oficialismo sostiene la creencia de que la inflación es exclusivamente un fenómeno monetario. Pero si no hay pesos en la calle, ¿por qué los precios siguen rebotando desde el piso del 1.5% que tocaron en mayo del año pasado?
Primero, la recomposición de márgenes. Hasta fines del año pasado, una leve recuperación del poder adquisitivo dio margen a las empresas para aumentar precios y recuperar las ganancias pérdidas durante la recesión de 2024.
Segundo, el peso de los servicios y el debate estadístico. El Gobierno avanza con la quita de subsidios, encareciendo drásticamente las tarifas. Esto nos lleva al reciente escándalo en el INDEC: la decisión deliberada de postergar la actualización de la canasta de medición (que le habría otorgado el peso real y mayor a los servicios en el cálculo del IPC) motivó la renuncia del exdirector del organismo hace pocas semanas. No es que el índice esté “dibujado” (necesariamente), pero se optó por subestimar el impacto de los gastos más urgentes de los argentinos. Sin ir mas lejos, mientras la inflación del mes de febrero fue del 2.9%, los gastos de “Vivienda y servicios” ascendió al 6.8%.
Tercero, la distorsión en la mesa. Durante 2025, mientras la inflación general rondó el 31%, la carne se disparó más de un 50%. Al liberalizar las exportaciones, el mercado local compite con el mundo, pero con una trampa: el mercado global demanda carne de animales más grandes (“vaquillona”). El productor local prefiere retener al ganado para engordarlo y exportarlo, dejando al mercado interno sin oferta de animales jóvenes. Al mismo tiempo, la poca carne disponible se cobra a precio internacional.
El factor global: el petróleo y los precios inelásticos
Finalmente, el modelo choca contra la geopolítica. El conflicto impulsado por Estados Unidos en Irán ha forzado una inestabilidad en la región clave para el abastecimiento energético, llevando al petróleo a duplicar su valor y alterando los costos logísticos en todo el mundo.
En su afán por bajar precios locales a través de la liberalización de importaciones, el Gobierno expuso al país a esta volatilidad global. Pero Argentina tiene un problema estructural: los precios son inflexibles a la baja. Hace unos meses, cuando el crudo cayó a nivel mundial, a nivel local los precios se mantuvieron o incluso subieron.
La encrucijada del Gobierno
Todo este reduccionismo ideológico nos devuelve al punto de partida: las familias endeudadas y una morosidad creciente. El enfoque estrictamente monetario forzó una suba de tasas que empujó a los consumidores a financiarse con costos cercanos al 100% en bancos y hasta del 300% en billeteras virtuales (sector al que principalmente recurre aquellos que tienen menor capacidad de demostración de ingresos).
Ante el colapso de la actividad y la suba de la morosidad, el equipo económico intenta ahora bajar marginalmente la tasa de interés. Pero caminan sobre un campo minado: un mal movimiento puede presionar al dólar o hacer fracasar la renovación quincenal de los billones de pesos de deuda pública que vencen constantemente.
Mientras se ignore el impacto de la estructura productiva, la geopolítica energética y el empobrecimiento real, la inflación difícilmente ceda de forma sostenida. Y mientras tanto, la bomba de la morosidad familiar sigue haciéndose más difícil de desactivar.
Sobre Nicolás Núñez
Economista de la UBA, Nicolás Nuñez tiene una Maestría en Finanzas de la Universidad Di Tella. Es además investigador en el Centro de Investigación de Economía Nacional (CIEN). Analista macro-financiero. Director durante 2022 nombrado por ANSES en cinco de las principales empresas argentinas. Profesor de mercado de capitales en la UBA y en la Universidad de Lanús. Actualmente cursa en la Universidad de San Martín un doctorado en relaciones internacionales.



Debe estar conectado para enviar un comentario.