Argentina pierde USD 70 millones al día por el deterioro de su infraestructura
Argentina se enfrenta a una crisis silenciosa pero devastadora: el deterioro progresivo de su infraestructura de agua y saneamiento. La depreciación millonaria de los equipamientos no solo compromete la productividad económica, sino que también pone en jaque la salud pública.
Según un reciente diagnóstico de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO), el país pierde anualmente unos 25.000 millones de dólares -equivalentes a 70 millones por día- debido al desgaste y la falta de mantenimiento de sus activos de infraestructura: caminos, puertos, energía y redes sanitarias, todos activos esenciales.
◼️ La Cámara Argentina de la Construcción pone a disposición del público el Indicador CAMARCO.
Datos del mes de julio de 2026.
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— Cámara Argentina de la Construcción (@CamarcoArg) August 24, 2026
El problema central radica en la postergación sistemática de las obras de conservación por razones presupuestarias o en favor de obras de alto impacto visible y corto plazo.
Los expertos advierten que la falta de intervención oportuna multiplica los costos a futuro, transformando el deterioro en una carga intergeneracional.
En este contexto, resulta imperativo establecer planes plurianuales que garanticen la sostenibilidad de los servicios básicos, incluyendo la adopción de materiales eficientes y duraderos como el PVC para la renovación de las redes hídricas.
El diagnóstico del deterioro de la infraestructura en Argentina
El análisis técnico revela cifras alarmantes. Jorge Núñez, especialista en agua y saneamiento, señala que el valor de reposición de toda la infraestructura nacional de agua y saneamiento asciende a más de 156.000 millones de dólares. Sin embargo, su valor actual, tras años de desidia, es de apenas 60.400 millones. Esto significa que el capital se encuentra depreciado en un 60 %. “El 65 % de la población servida en el país se abastece con sistemas que ya superaron su vida útil”, afirma categóricamente Núñez.
La inversión necesaria para mantener la red hídrica en condiciones óptimas se estima en 3.000 millones de dólares anuales, un monto que actualmente no se ejecuta. Esta situación crítica se evidenció dramáticamente durante la pandemia, donde la falta de acceso a agua potable en sectores vulnerables dificultó las medidas básicas de higiene.
Sobre el uso de PVC
Desde la industria de la construcción reconocen que el uso de cañerías de PVC (Policloruro de Vinilo) representa una solución eficiente para modernizar los sistemas de agua y saneamiento.
La agenda hídrica plantea desafíos que exceden la expansión de las redes. Según lo expuesto por especialistas de CAMARCO, el 21% de la población argentina aún no cuenta con agua potable, mientras que el 40% no dispone de red cloacal, unos 18,5 millones de personas. A esto se suma el desafío del saneamiento: actualmente el 26% de los líquidos cloacales no recibe tratamiento, lo que exige extender el tratamiento a esa porción.
Ante este escenario, la Asociación Argentina del PVC (AAPVC) destaca el rol fundamental de este material en la expansión y modernización de la infraestructura hídrica al evitar un rápido deterioro. Según la entidad, el PVC no solo representa una alternativa económica, sino una solución estructural a largo plazo: un informe de la AAPVC, elaborado en base al último censo nacional, permite además dimensionar la desigualdad territorial del problema: mientras que en distritos como CABA la cobertura cloacal supera el 89%, en provincias como Chaco, Formosa y Misiones más del 60% de la población no cuenta con este servicio.
En lo que respecta puntualmente a la provisión de agua potable, el PVC se destaca como un material especialmente apto para esta función. La lisura de su superficie interior reduce la acumulación de depósitos en las paredes de las tuberías y favorece condiciones que dificultan la formación de biofilm y la proliferación bacteriana. No se trata de una tecnología nueva: ya desde la década de 1930 existen antecedentes de instalaciones de redes de agua potable en PVC en Alemania, cuyo desempeño sostenido en el tiempo respalda la aptitud del material para este uso sanitario crítico.
100 años de vida útil
Las tuberías de PVC pueden superar los 100 años de vida útil, una característica vital para evitar el ciclo de deterioro actual. Además, el material presenta ventajas operativas y ambientales significativas:
- Resistencia y durabilidad: No se corroe ni se oxida, manteniendo su integridad estructural frente a agentes químicos y biológicos presentes en los sistemas cloacales.
- Eficiencia hidráulica: Su superficie interior lisa previene incrustaciones, garantizando un flujo constante y reduciendo los costos de mantenimiento.
- Sustentabilidad: Requiere menos energía para su producción en comparación con otros materiales y es 100% reciclable, alineándose con las demandas ambientales actuales.
“El PVC es mucho más que un material de construcción; es un facilitador de derechos”, señala Miguel García, director de la AAPVC, subrayando su importancia para garantizar el acceso al agua segura y al saneamiento básico.
La incorporación de estas tecnologías es considerada clave para acelerar las obras de infraestructura en un país con fuertes limitaciones presupuestarias, optimizando la inversión pública y asegurando la durabilidad de las redes de cloacas.
La coincidencia entre los especialistas es clara: Argentina necesita abandonar la gestión de la infraestructura como una emergencia constante y adoptarla como una verdadera política de Estado. Fernando Lago, director del Área de Pensamiento Estratégico de CAMARCO, enfatiza que evitar el deterioro anual del capital es estratégico.
Cuatro acciones clave
Para revertir esta tendencia en el deterioro de la infraestructura, los distintos actores del sector en Argentina proponen cuatro acciones clave.
La denominada “infraestructura invisible” es el cimiento sobre el cual se construye el bienestar de la sociedad. Su abandono es una hipoteca que pagarán las futuras generaciones. Transformar este diagnóstico en acción requiere voluntad política, seguridad jurídica y el compromiso ineludible de todos los actores involucrados para garantizar un desarrollo sostenible.
- Planificación a largo plazo: Establecer planes de infraestructura con un horizonte de 50 años.
- Marco institucional sólido: Crear organismos que unifiquen la gestión y normativa, especialmente en el sector de agua y saneamiento.
- Financiamiento internacional: Presentar proyectos viables para acceder a créditos de entidades como el BID, el Banco Mundial y la CAF.
- Eficiencia y tecnología: Incorporar materiales modernos como el PVC en las redes hídricas



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