Martín Yeza: un millennial suelto en la gestión pública

Desde el 25 de octubre de 2015, cuando sin cumplir los 30 resultó electo para gobernar Pinamar, lleva un mote: es, irremediablemente, el “intendente más joven de la provincia de Buenos Aires”. Un millennial en el máximo cargo ejecutivo de un municipio es, todavía, un caso curioso así que se lo observa como una rareza y en ciertos círculos, hasta con recelo. Se anima a presentar un proyecto de Presupuesto que incluye un aumento de tasas del 50%, y en esta entrevista explica por qué, mientras analiza el vínculo con la UCR y su proyección electoral.

En diálogo con Telégrafo, Martín Yeza cita a “Los salieris de Charly”, de León Gieco, para despegarse de la “clase política que se jubiló y que se las sabía todas”, al son de “menos mal, que nunca la tenga, la experiencia de robar”. No se achica en su juventud, sino que por el contrario hace gala de ella y se rodea de sus pares para encarar la gestión pública. “En todo caso, somos un equipo: mucha gente joven, la mayoría profesionales y con muchísimo compromiso. Trabajamos incontables horas por día, esa es una ventaja, y cuando hay algo que no sabemos, llamamos a un especialista o un experto. Esa formulita, nos dio muy buenos resultados este año”, remarca.

-¿Qué cambió entre el Pinamar de hace un año atrás y el de ahora?

-Asumimos con una caja que estaba prácticamente en cero. Había que pagar aguinaldos y estaba verdaderamente muy complicado. Estaba mucho más difícil pagar los sueldos los primeros días de enero. Recibimos una municipalidad con un endeudamiento estructural financiero que ponía en jaque cualquier tipo de planificación o inversión necesaria para poner a la ciudad como corresponde. Ahora, tenemos una ciudad que empieza a ordenarse en lo financiero, producto de austeridad en un montón de gastos, ordenamiento, generación de programas para medir la eficiencia de los gastos, para controlar el gasto por área, con un mejor diagnóstico del Partido.

-¿Cómo funcionó la alianza con la UCR?

-Bien, positiva. Como siempre, y pasa en cualquier municipio, hay momentos más altos de una gestión, momentos más bajos, también dependemos mucho del momento económico del país, pero a grandes rasgos es una alianza que se sigue fortaleciendo y con mucha madurez entre nosotros para poder plantear las críticas.

-¿Es posible que se mantenga para 2017?

-Sí, por supuesto. A mí, me encantaría.

-¿Cómo proyectás encarar el desafío de las elecciones legislativas?

Pienso que el año que viene dependemos mucho más de nosotros mismos, así que la agenda es en positivo. Preguntarnos cuál es el Pinamar que queremos, cuál es nuestra agenda de trabajo y cuál es el compromiso. Más allá de todo, en el Ejecutivo gobernamos como espacio y si bien hay dirigentes del radicalismo, en la interna ganó el PRO y eso implica que tenemos que saber comprender muchas demandas del radicalismo sobre la gestión. Posiblemente tengamos que mejorar la apertura de nuestro gobierno para que se incorporen diferentes valores, no necesariamente personas, sino valores y distintas miradas. 

Martín Yeza, al visitar una obra municipal. (Fotos Ricardo Stinco)

 

Un aumento del 50%

Los mandatarios suelen ser muy celosos de su Presupuesto. El objetivo es siempre que sea aprobado sin mayores cambios, a libro cerrado. Si la composición legislativa lo permite, no temen usar su mayoría para lograr este cometido y si no, negocian concesiones con alguna fuerza minoritaria para lograr los votos, pero nunca a costo de modificaciones estructurales, sin importar los fundamentos. El nivel de aumento en impuestos, que se debate en el mismo contexto, también es con frecuencia inamovible y justificable en palabras de funcionarios: anuncian porcentajes, siempre acompañados de la palabra “progresivos”, que luego en la práctica son superados.

Pero Yeza este año cambió la estrategia. Presentó al Deliberativo lo que llamó un “Presupuesto óptimo”, es decir que incluyó las demandas ciudadanas y “posiblemente” -según mencionó- las del arco opositor. Sin vueltas, determinó que para hacer “todo” necesita financiarse con recursos genuinos y elevar el monto de las tasas un 50%. “De ahí para abajo, todo lo que se quiera dejar de hacer, hay que discutirlo y consensuarlo”, explica.

De esta forma, también pone en  manos de los concejales un arduo trabajo: armar el rompecabezas de gestión del 2017 de manera conjunta, porque las fuerzas opositoras ya anunciaron que no aceptarán el 50% de aumento en los tributos comunales. Entonces, Yeza los invita a intervenir activamente en el Presupuesto y decidir qué acciones de gobierno planteadas por la intendencia no se harán en 2017, a fin de bajar la carga tributaria para los vecinos.

Su planteo se ampara en la legislación vigente que no deja librado al capricho de los Ejecutivos la elaboración de las políticas públicas, sino que propone que el Legislativo acompañe, rechace o corrija.

“El espíritu de la ley, que establece que el poder Ejecutivo tenga que discutir con el Legislativo qué es lo que se hace con el dinero y cuál es el aumento de tasas, es consensuar políticas con los distintos sectores”, cierra.

 

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