20 años: la fecha de vencimiento de una PyMe en la nueva ley laboral
Para entender el verdadero impacto del nuevo proyecto de ley de reforma laboral, propongo empezar con un poco de cine. ¿Se acuerdan de la película Wall Street y del famoso personaje Gordon Gekko? Basado en las crisis de los años 30 en EE. UU., este gigante de las finanzas recibe el pedido de uno de sus empleados para invertir en la histórica empresa donde trabajaba su padre, que estaba a punto de quebrar.
Cuando el fondo de inversiones finalmente pone la plata, Gekko reconoce su verdadera intención: no buscaba empresas para hacerlas crecer; las buscaba para desguazarlas. Se había dado cuenta de que la compañía tenía un fondo acumulado para los empleados que superaba el dinero necesario para despedir a toda la planta. Si a eso se le suma el valor de vender la empresa en partes, la matemática era clara: la empresa valía más muerta que viva.
Es imposible no pensar en esa película al analizar la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL): este proyecto de ley está a punto de aplicar la misma lógica en la Argentina, convirtiendo a cada PyME en una potencial víctima de este desguace financiero. Lo que nos venden como una simple reforma es, en realidad, una fecha de vencimiento grabada en el estatuto de las pequeñas empresas.
Esta ley, permite (entre otras cosas) que la empresa pueda reducir sus aportes jubilatorios, si los usa para invertir en un fondo para despidos, las empresas grandes pudiendo aportar el 1% y las PyMEs el 2.5%.
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El “punto Gekko”: cuando cerrar es mejor negocio que producir
Para entender la trampa, hay que mirar la letra chica del artículo 72 de la nueva ley. Este artículo establece que, si un empleador no cuenta con trabajadores registrados por un plazo de seis meses continuos, la cuenta del fondo de despido se extingue y esos recursos deben ser transferidos a una cuenta bancaria del dueño.
Vamos a ponerle números con un ejemplo “imaginario” de una empresa grande y madura. Llamémosla “FATE”, con unos 900 trabajadores y 25 años de antigüedad promedio cada uno. Si aplicáramos la lógica del FAL desde su inicio, la cuenta de inversión de esta empresa hoy tendría un saldo de 118 millones de dólares, mientras que indemnizar a toda la planta costaría cerca de 24 millones.
¿Qué pasa con los 94 millones de dólares de diferencia? Quedan a entera disposición de los dueños al cerrar el negocio. Es decir, ante cualquier crisis de mercado, el incentivo del empresario ya no es aguantar o reconvertirse. El incentivo es apretar el botón de “liquidación” y retirarse con una ganancia financiera entre sus dueños, matando la capacidad de innovación y resiliencia de los empresarios.
La trampa de los 20 años para la PyME en la nueva ley laboral
Para las PyMEs, la soga aprieta mucho más rápido. El Estado acelera artificialmente la capitalización de sus fondos al permitirles aportar un 2,5%.
Imaginemos un comercio de barrio que empieza con tres empleados y llega a tener ocho. Cuando ese negocio cumple 20 años, el fondo acumulado ya supera la plata necesaria para indemnizar a los trabajadores; ese remanente es ganancia pura para el dueño si decide vender todo.
Si llegan a los 30 años, la distorsión es total. El fondo capitalizado alcanza para pagar unos 85.700 dólares en indemnizaciones, y le deja al dueño más de la mitad del fondo limpio en el bolsillo: 128.300 dólares. En ese momento, el dueño tiene en sus manos un cheque en blanco.

¿Quién paga la fiesta del desguace?
El sistema incentivo al empresario a cerrar porque el costo de la indemnización fue, en la práctica, “subsidiado” por el propio Estado mediante la quita de aportes al sistema previsional argentino.
El FAL transforma el derecho del trabajador en un fondo de inversión para el empleador. La plata que antes salía de las contribuciones para el sistema previsional (las jubilaciones), ahora es una masa de capital que va a alimentar el mercado financiero.

El pez grande se come al chico con la nueva ley laboral
El resultado final de esta arquitectura legal es la concentración total del mercado. Con esta nueva ley laboral, las grandes empresas -que tienen un costo de aporte mucho menor (alrededor del 1%)-, solo tienen que sentarse a esperar a que la PyME llegue a su fecha de vencimiento.
Cuando el dueño de la PyME se da cuenta de que es más rentable cerrar, vender las máquinas como chatarra y quedarse con la plata del FAL, el mercado queda libre para el pez grande. El mensaje para el que emprende es letal: tenés permiso para existir solo hasta que tu fondo de despido sea lo suficientemente grande como para que te convenga cerrar y dejarle el monopolio al grande.
En definitiva, este fondo no viene a solucionar el empleo; viene a crear un mercado de desguace. Convierte la antigüedad del laburante en un activo financiero, financiando el retiro dorado del empleador. Al final del día, el dueño descubre que su mejor negocio no fue generar producción, sino haber acumulado la plata de los jubilados para comprar su propia salida del mercado.
Sobre Nicolás Núñez
Economista de la UBA, Nicolás Nuñez tiene una Maestría en Finanzas de la Universidad Di Tella. Es además investigador en el Centro de Investigación de Economía Nacional (CIEN). Analista macro-financiero. Director durante 2022 nombrado por ANSES en cinco de las principales empresas argentinas. Profesor de mercado de capitales en la UBA y en la Universidad de Lanús. Actualmente cursa en la Universidad de San Martín un doctorado en relaciones internacionales.

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